La version que no nos contaron: En un mundo de Marías, esta bien también ser Marta.
Antes de empezar hablarte de esta Mujer de Fe, quiero ser bien honesta contigo. Yo Amy admito que llevo varios sombreros a la vez : mi trabajo, ‘O wau, la iglesia, mi hogar; y más de una vez me he preguntado si por estar tan ocupada resolviendo, trabajando, sirviendo, soy "menos espiritual" que alguien que se ve más tranquila, más en paz. Hace unas semanas atrás mientras preparada una reflexión / presentación para un grupo de damas de mi iglesia Dios puso en mi corazón un versículo que se volvió el hilo de todo lo que te voy a contar hoy: “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo de fuera, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Y mientras estudiaba esto, comencé a pensar en una de esas mujeres en la Biblia a la que solemos ponerle una etiqueta, y entendí que a Marta el mundo la recordó por lo de afuera pero Dios estaba mirando otra cosa.
A ella en muchas ocasiones la recordamos por una escena: Marta recibiendo a Jesús en su casa, corriendo de un lado a otro, "afanada" -así lo dice el texto- mientras María se sienta a sus pies a escuchar. Marta se queja, y Jesús le responde con ternura: "Marta, Marta, te preocupas y te afanas por muchas cosas, pero solo una es necesaria, y María ha escogido la buena parte" (Lucas 10:41-42). Para no perder la costumbre y por que de esto se trata esta serie de blogs, te voy a contar algo que nadie me pidió que te contara: Solo a tres personas en todo el Nuevo Testamento Jesús se dirige con tanto énfasis repitiendo su nombre y de los tres Marta es la única mujer. Y cuando reflexioné en esto me cambió la manera de cómo lo veía: Marta no me suena a regaño, me suena a llamado. Porque a Pablo lo llama Saulo en su camino a Damasco y le cambia la vida. A Marta su Damasco no fue de camino, fue su propia cocina.
Antes de continuar quiero detenerme aquí y hacer un disclaimer, porque esto no es sobre elegir un bando o de juzgar la actitud de una o la otra. María también nos enseña algo enorme. Más adelante en los evangelios, es ella quien unge los pies de Jesús con un perfume carísimo, en un acto de adoración tan íntimo que Jesús mismo la defiende delante de los que la criticaban (Juan 12:1-8). María nos enseña a adorar sin medir el costo. Marta nos va a enseñar otra cosa: a servir sin dejar de creer. Las dos reflejan a Cristo, pero al igual que tu, yo, cada una a su manera. Y en algún momento conversaremos más sobre María de Betania.
Porque la etiqueta de "la ajetreada" no le hace justicia a quién era Marta. Te cuento primero, era ella quien lideraba esa casa, la mujer de acción en su familia. Y en una cultura donde recibir a un rabino y a los suyos era un acto de honor y sacrificio, Marta no estaba evitando a Jesús corriendo de un lado a otro, estaba sirviendo probablemente de la única manera que ella sabía. Y segundo, no olvidemos que Marta no era solo la host con muchas cosas que hacer, era también su discípulo y una amiga cercana del maestro.
Cuando muere su hermano Lázaro, Marta sale corriendo al encuentro de Jesús, antes que nadie. Y es una parte que mencionamos mucho, pero pocas veces nos detenemos en lo importante que es: Jesús no solo la consuela, le enseña y le dice "yo soy la resurrección y la vida" (Juan 11:25), una de las declaraciones más grandes que hizo de sí mismo en todo el evangelio, y se la dice a ella, en medio de su dolor. Marta la recibe, y sin todavía ver el milagro, responde con esto: "yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo" (Juan 11:27). Recordemos bien esa frase, porque son casi las mismas palabras que dijo Pedro en Mateo 16:16, la confesión por la que lo conocemos como "la roca" sobre la cual edificará la iglesia y mientras a Pedro muchas veces lo recordamos por esa frase, al contrario de Marta, a quien seguimos recordando por “estar ajetreada”.
Esa mujer no solo servía la mesa, sostenía una teología clara, procesaba su dolor con fe, y se atrevía a declarar quién era Jesús antes de ver el milagro. Eso es discipulado y un nivel intelectual que pocos muestran. Yo la admiro por eso mismo, soy de esas personas que se me hace difícil expresar muchas veces mis sentimientos y por lo mismo te voy a ser honesta por qué esto me marcó tanto. Yo cargo una culpa silenciosa: sentir que mi forma de amar a Dios: resolviendo, dirigiendo, sirviendo en varios lugares a la vez es menos espiritual, y Marta me mostró que no, las dos cosas eran ella: la que lideraba y servía, y la que creía profundamente.
Y aquí sigo, aprendiendo esto en mi día a día. yo sé servir, sé resolver, pero no se decir esto es lo que cargo… Hoy te digo soy una Marta que está aprendiendo. No a dejar de servir, sino a dejar de cargar sola. A sentarme a sus pies sin sentir que primero tengo que merecerlo. Si estuviéramos ahora frente a frente tomándonos un iced pumpkin latte y tu bebida de fall favorita te preguntaría esto: ¿alguna vez hacer tanto te ha hecho sentir menos espiritual que otra persona? Porque yo también lo he sentido. Y creo que Marta nos recuerda que servir y creer profundamente pueden vivir en la misma persona.
Lo que nos contaron: la ajetreada, lo que Dios miro: el corazón.
