Owau Owau Owau Owau

I still Have a Reason to Praise!

Hay temporadas donde oras, sigues intentando y aun así te sientes perdida, como si nada encajara. yo también he estado ahí. este post es sobre procesos invisibles, el silencio que no siempre es ausencia, y por qué florecer donde Dios te plantó no significa entenderlo todo todavía.

Últimamente he estado pensando mucho en los procesos. En esas temporadas que oras, intentas seguir y aun así te sientes cansada, confundida y un poco perdida. Como si algo no encajara, aunque estás haciendo todo lo que debes hacer.  Yo también he estado ahí. Hace unas semanas estaba escuchando un podcast sobre cuando no entendemos los planes de Dios en nuestra vida y sentí que Dios me hablaba directamente al corazón.  Comentaban sobre un versículo que muchos conocemos hasta de memoria o en algún momento lo hemos escuchado: "Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza." Jeremías 29:11.  De esas promesas que solemos ver con frecuencia en cuadros, tazas de café, Instagram posts. Y sí, es una promesa hermosa, real y verdadera. Pero hay algo que pasamos por alto, esa palabra se le dio al pueblo de Dios justo antes de entrar al exilio en Babilonia por 70 años. Quizás ellos pensaron que era el final del proceso, pero era solo el inicio. Y me imagino que más de uno en ese pueblo se preguntó lo mismo que yo me he preguntado y que quizás tú también has preguntado: ¿Por qué, Señor, no cumples tu promesa al instante? Si te lo has preguntado, está bien; es una pregunta honesta y humana. Pero hay algo que necesitamos comprender: aunque hay promesas para sus hijos e hijas, eso no significa que van a pasar a nuestra manera ni en nuestro tiempo. Y tampoco significa que a Él se le haya salido algo de control. Es en su calendario, en su reloj, no en el mío

Te doy un dato que nadie me pidió, pero si me conoces o me has leído, ya sabes que esto va a ocurrir en cualquier momento. En biología celular hay algo fascinante: antes de que una célula pase por mitosis, antes de que se divida y dé lugar a algo nuevo, el ADN ya se está replicando. El cambio ocurre mucho antes de que podamos observarlo.  Y para mí la fe funciona igual.

Aunque parezca que se demora en llegar, espera con paciencia, porque sin lugar a dudas sucederá. Habacuc 2:3

Una semilla también parece invisible antes de florecer.  Hubo una frase que vino a mi mente mientras escuchaba el podcast y decidió quedarse sin pagar renta: Florece donde Dios te plantó. No, donde quiero estar. No, cuando todo tenga sentido. No desde el comfort. Es ahora, en este proceso que nadie más ve.

El silencio, en nuestra humanidad, muchas veces se confunde con ausencia. Pero Dios no está improvisando tu historia. Jeremías 29:11 no comienza con un "quizás" ni con "tal vez". Empieza como algo más firme: porque Yo . A mí esa afirmación es lo que me sostiene. Dios no está haciendo un trial and error contigo. Él no está ansioso, no perdió el hilo de tu historia. Salmos 139:16 no los confirma: cada día fue escrito en su libro antes de que existiera uno solo de ellos.

Sin embargo, lo que más me impactó del capítulo 29 de Jeremías fue lo que Dios le dijo a su pueblo antes de la promesa:  Edifiquen casas. Planten huertos. Crezcan. Aún en un lugar que no eligieron, en una temporada que no pidieron.  Hoy te digo: no dejes de crecer solo porque estás en un proceso que no entiendes. Lo que significa seguir viviendo, seguir adorando y seguir floreciendo incluso cuando no veo nada todavía. Esta temporada en la que me encuentro me está enseñando algo un poco incómodo: la madurez espiritual es edificar sin ver resultados, obedecer sin entender, adorar sin condiciones. Qué fácil es confiar cuando todo tiene sentido. Pero hay un versículo que me ancla en esos momentos donde no entiendo nada.

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas." Juan 10:11 NBLA

El Padre no solo conoce tu proceso, sino que estuvo dispuesto a darlo todo por ti, incluso a su hijo. Si hizo eso, Te pregunto ¿cómo no va a sostenerte ahora? Romanos 8:32.

Hoy te escribo desde el proceso y no desde la perfección. No desde tener todas las respuestas. Al contrario, te escribo desde una temporada donde todavía tengo preguntas, donde todavía estoy aprendiendo a confiar, donde todavía estoy aprendiendo a florecer exactamente donde Dios me plantó (algo que me cuesta).  Pero también desde aquí te reafirmo: Dios no ha dejado de ser bueno, Dios no ha dejado de obrar, Dios no se ha confundido con tu historia ni con la mía.

Para ti que también estás en el proceso, atravesando un desierto: no dejes de florecer solo porque el proceso no se parece a lo que imaginabas. Sigue creciendo, sigue confiando, sigue adorando.  Porque aun aquí, I still have a reason to praise.






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Una promesa para una mujer virtuosa

Entre la espera y la fe, Dios siempre cumple lo que promete. La historia de Rut lo sigue recordando.

Aún recuerdo que en la Academia Discípulos de Cristo estudiamos el libro de Rut en la clase de educación cristiana y quedé fascinada por su historia. Ella no era una mujer de muchas palabras, pero sus acciones hablan más fuerte que cualquier discurso. Fue fiel, constante y obediente en medio de un tiempo de pérdida y confusión. Quizás la recuerdes por su relación con Booz,  pero el verdadero acto de amor en su historia comenzó mucho antes. Cuando mostró ser un ejemplo de virtud en acción. Ella perdió a su esposo y no eligió el camino más fácil. Pudo haber regresado a su tierra, a sus costumbres, a lo conocido, pero decidió quedarse con Noemí, su suegra, y decirle: Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. (Rut 1:16).  Ese acto de amor y sacrificio podría considerarse uno de los más profundos de toda la Biblia, después de la cruz.  Rut eligió permanecer cuando todo a su alrededor se desmoronaba, y esa decisión de fidelidad se convirtió en la llave que abrió la puerta a su redención.  Fue una entrega desinteresada que refleja el corazón de Jesús. Rut renunció a su comodidad, a su tierra y a su pasado, para abrazar el propósito de Dios en lo desconocido.

Y esta historia es una de esas que te hace reflexionar de muchas maneras. He aprendido, al reflexionar sobre esta historia, que hay personas en nuestra vida a quienes Dios nos llama a permanecer cerca, incluso cuando es difícil. Personas que amamos profundamente, aunque no siempre comprendemos su silencio, su carácter, ni sus batallas internas. A veces, el amor verdadero no se demuestra con palabras, sino con presencia constante, paciencia y oración silenciosa. Y muchas veces permanecer cerca de alguien o mantenernos firmes en una asignación no es lo que esperábamos,  pero también puede transformarnos. Rut nos enseña que la fidelidad en medio del proceso tiene poder; que Dios siempre ve cuando elegimos quedarnos por amor y no por conveniencia.  También me enseñó que hay etapas en las que yo tampoco sabía cuál sería mi siguiente paso o hacia donde me dirijo. Al igual que tú, he vivido momentos en los que planes que creí seguros se detuvieron, proyectos se quedaron a medias y los porqués se multiplicaron exponencialmente, como si se generaran con la fórmula P(n)=a⋅bn (referencia nerda para no perder mi encanto). Uno de ellos fue cuando ‘O Wau estuvo en pausa por años, sentí que tal vez esa temporada había terminado. Pero poco a poco he entendido que, en su silencio, Dios sigue obrando.  Y cuando menos lo esperé, Él trajo un nuevo comienzo, más maduro, más consciente; propósito distinto y otra visión creativa. Aunque admito que todavía me falta mucho por desarrollar, aprender a permanecer en su propósito y disciplina, pero ahí vamos.  

Entendí (confieso que se me olvida de vez en cuando que lo entendí)  lo mismo que Rut descubrió al seguir a Noemí: que la obediencia, aun en lo incierto, abre la puerta a la promesa.  Rut no solo fue obediente; también fue constante en su fe y fiel en su carácter. Y en respuesta, Dios usó su vida para mostrar su amor y bondad. Ese es el momento justo en que la promesa de Dios pasa de ser leída a ser vivida:   Y ahora, hija mía, no temas; yo haré contigo todo lo que digas,  pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.  (Rut 3:11) . Qué hermoso es recordar que, al igual que Rut, tú y yo no estamos olvidadas ni fuera del plan de Dios. Él ve nuestra fidelidad en lo pequeño, nuestras oraciones silenciosas y nuestras decisiones guiadas por la fe. Y en Su tiempo, Él cumple cada promesa con amor y honra. Tú y yo podemos ser mujeres virtuosas cada día: mujeres que oran, que permanecen firmes, que confían y que reflejan la gracia de un Dios que no se olvida de ninguna historia. Porque lo que Él hizo con Rut, también lo quiere hacer contigo y conmigo recordarnos que no temamos, porque Él cumplirá lo que ha prometido.

A lo largo de nuestra vida, no solo enfrentamos planes inciertos o sueños que quedaron en pausa, sino que también caminamos junto a personas que Dios coloca a nuestro lado por propósito. Personas por las que oramos en silencio, que amamos aun cuando no comprendemos todo, y con quienes elegimos permanecer no por obligación, sino porque el corazón entiende lo que los ojos todavía no ven.  Así como Rut le dijo a Noemí: “A donde tú vayas, iré yo” (Rut 1:16), no porque su vida fuera perfecta, sino porque su corazón reconoció un propósito, un llamado más allá de una simple relación de nuera y suegra. Ella decidió permanecer, amar y servir, incluso sin conocer el final de la historia. Así también Dios nos habla hoy, como le habló a Rut por medio de Booz: “Has mostrado lealtad (Rut 3:10), No temas, hija mía, todos saben que eres mujer virtuosa.”(Rut 3:11) Hoy te digo: Él sigue honrando a las que permanecen, a las que confían, a las que aman con propósito. 

 He aprendido que ser una  mujer virtuosa no se trata de perfección; es caminar con fe en lo incierto, permanecer donde Dios nos planta, aprender de las personas que Él nos confía y dejar que Él forme su carácter en nosotras. Créeme, yo he vivido sueños que se detuvieron, planes que no salieron como pensé, relaciones que me enseñan paciencia y amor. Aun así, Dios ha cumplido promesas, ha restaurado sueños y me recuerda que no estoy sola en esta historia.  Quiero recordarte que hay personas y temporadas a las que Dios nos llama a permanecer no para perdernos, sino para crecer, amar y ver cumplidas promesas que solo una mujer virtuosa puede abrazar. 

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